¿Qué es el bitcoin?

Bitcoin es una divisa virtual nacida en 2009 que hace uso de un protocolo basado en una arquitectura Peer-to-peer (P2P) en la que no existen servidores centrales. Su creador, un individuo o un grupo de ellos que se autodenominó como Satoshi Nakamoto, no ha desvelado todavía su identidad.

¿Qué puedes hacer con esta criptomoneda?

Bitcoin es dinero electrónico con el que puedes comprar y vender todo tipo de servicios. En Madrid, por ejemplo, existen alrededor de 80 tiendas que admiten esta divisa como medio de pago; a nivel mundial, la cifra se incrementa hasta 6500. Debido al ‘anonimato’ de la red es prácticamente imposible determinar por dónde se mueven esos bitcoins y la cantidad de usuarios activos por países. Bitcoin supone cerca del 85% del mercado de criptomonedas mundial, pero existen otras alterativas minoritarias como litecoin, primecoin o darkcoin.

¿Qué significa que sea una red anónima?

En realidad, se trata de una red pseudo-anónima. En el universo del bitcoin, a diferencia de lo que sucede con los bancos tradicionales, la identidad de una persona es una dirección que puede, o no, estar vinculada a una persona física, con nombres y apellidos. Un usuario, además, puede crearse tantas direcciones como quiera; de ahí que se desconozca el número exacto de personas que lo usan.

Todas las transacciones, eso sí, quedan reflejadas en lo que conoce comocadena de bloques. En blockchain.info, por ejemplo, se pueden examinar cada una de las transacciones realizadas desde la creación de la moneda. Eso no significa que los usuarios conozcan qué identidad se esconde tras cada operación. Tan sólo se puede averiguar qué cantidad se ha enviado y a qué hora.

¿El anonimato de la red favorece a los ciberdelincuentes?

Para Yaiza Rubio y Félix Brezo, expertos en seguridad informática, «esta capa de anonimato propicia que las criptodivisas sean utilizadas para financiar la contratación de servicios de hacking, la compra de aplicaciones maliciosas destinadas al cibercrimen o la de seguidores en redes sociales». Además, destacan que «los delincuentes aprovechan la posibilidad de crear miles de direcciones para difuminar su rastro entre muchas cuentas que, salvo error de éstos, dificultan sobremanera la atribución de una identidad».

Víctor Escudero, informático experto en Bitcoin, reconoce también que laevasión de capitales y el blanqueo de dinero son los principales inconvenientes de la moneda: «Cualquiera podría enviar dinero a una persona que, por ejemplo, esté en la India, aunque no disponga de cuenta bancaria. Sería como enviar dinero por correo electrónico».

Pero Escudero considera que, a lo largo de la historia, buena parte de los inventos han sido utilizados por los criminales para fines ilícitos. «Internet, en sus inicios, se relacionaba con la pornografía. También, en el caso de la telefonía móvil, los primeros usuarios solían ser delincuentes que aprovecharon una mejora comunicativa para asegurar sus intercambios. Con las tecnologías disruptivas algunos de los usuarios iniciales suelen situarse al margen de la ley».

¿Es bitcoin una moneda volátil?

En sus seis años de vida Bitcoin ha experimentado oscilaciones significativas en su cotización. En 2014 alcanzó un valor de 1150 dólares por cada unidad. Después, tras la quiebra de algunas plataformas que operaban con criptodivisas, como MtGox (cuyo CEO ha sido acusado por la justicia nipona de haber saboteado su propia compañía) o Flexcoin, su precio se redujo progresivamente hasta situarse en los 243 dólares por bitcoin de hoy día.

Según Víctor García, CEO de Cripto-pay, un gestor de pagos que permite que los comercios puedan trabajar con esta divisa, la volatilidad del bitcoin deriva de dos factores. En primer lugar, «ningún organismo central regula su precio, ya que se trata de un valor que establecen los usuarios a través de la oferta y la demanda». En segundo término se encuentran los «factores externos», como las «decisiones políticas«. Ejemplo de ello es China, que prohibió en diciembre de 2013 a sus bancos comerciar con bitcoins, generando desconfianza en el mercado.

Sin embargo, para Escudero «existen otras monedas, como el peso argentino, cuyas fluctuaciones son superiores. El oro también ha experimentado variaciones acentuadas a lo largo de la historia. Todo depende de con qué se compare. Aun así, su precio es cada vez más constante». ¿Podría ser más estable? Sí, siempre que el número de usuarios fuese muy elevado. De ésa manera su valor sería superior y las divisiones, más pequeñas.

Cabe destacar que el número de ‘monederos’ abiertos ha crecido exponencialmente desde sus inicios, así como las transacciones (actualmente, 50 millones de dólares diarios), incluso cuando la cotización de la moneda ha caído con estrépito. En el último año, el número de ‘usuarios’ (una persona puede abrir varios monederos) se ha duplicado, pasando de dos a más de cuatro millones. A mayor cantidad de usuarios, mayor estabilidad.

¿Es una desventaja que bitcoin no esté regulado por un organismo central?

A primera vista, no. No necesita estar regulado por un organismo central porque las decisiones las toman los miembros del sistema. «Una regulaciónsupervisada por el conjunto de una comunidad es superior a la que pueden realizar cierto número de empresas. Para efectuar cambios en las reglas de juego de la moneda tendría que haber siempre un 51% de miembros que así lo desearan. Los usuarios son partícipes del sistema», expone Victor García, de Cripto-pay.

Para Escudero «bitcoin lleva la democracia a las masas, porque el interés está distribuido entre los mineros, desarrolladores y usuarios. Existen muchos incentivos que premian a los bienintencionados. Bitcoin es un sistema abierto, es software libre. Cualquiera puede mirar o modificar el código, pero las reglas de juego más importantes, como que haya un límite de 21 millones de unidades de bitcoins, están muy definidas y las posibilidades de alterarlas son mínimas».

¿Es un sistema seguro o vulnerable, entonces?

Para contestar esta pregunta, conviene diferenciar entre Bitcoin (protocolo) ybitcoin (moneda). Los expertos Yaiza Rubio y Félix Brezo explican que «no se ha hackeado todavía el sistema de Bitcoin, sino plataformas que operan con estas criptodivisas. Al hacer uso de estos ‘intermediarios’, los usuarios delegan en ellos la administración de sus claves y, por tanto, el control final de la moneda. El protocolo, no obstante, es robusto y, si fuese necesario, está diseñado para adquirir mayor grado de infalibilidad».

Pero bitcoin es jugoso para los ciberdelincuentes, porque si acceden a una cuenta tienen la posibilidad de realizar una transacción anónima a cualquier lugar del mundo. Una vez enviado el dinero, gracias a la cadena de bloques, el proceso es irreversible, ya que el usuario pierde de su cartera cada bitcoin enviado y pasa a ser automáticamente computado como nuevo activo del receptor. Con un banco, entonces, existen más posibilidades de rastrear y encontrar al ladrón.

Conclusión: Con el sistema bancario tradicional, los clientes delegan la supervisión de su dinero a los bancos. En el caso del bitcoin, igualmente se puede confiar en un tercero, aunque todavía se trata de entidades menos fiables. En el futuro, presumiblemente, se fundarán bancos de bitcoins que podrían cumplir la misma función que las entidades que trabajan con la moneda tradicional.

Pero, actualmente, si el usuario decide gestionar su propia cartera, ha de ser muy precavido para evitar la pérdida de las claves que protegen su dinero. Una vez extraviada la contraseña, no hay opción de recuperarla. Para solventar este inconveniente conviene programar backups (copias de seguridad), así como otras opciones que requieren de ciertos conocimientos informáticos de los que el ciudadano medio carece.

¿Cómo se crean los bitcoins? ¿Quiénes son los encargados?

Los responsables son los mineros, que cumplen una doble función: «desentierran» nuevos bitcoins resolviendo arduos problemas matemáticos diseñados por el sistema y aseguran las transacciones, es decir, actúan como notarios de la comunidad bitcoin validando las operaciones realizadas. A cambio, se llevan una comisión minúscula por la labor realizada. Una de las ventajas de la red es que es autoajustable: el premio se «desentierra» cada diez minutos, independientemente de la cantidad de mineros activos. No obstante, si existen pocos mineros «picando», la posibilidad de ganar el premio para cada uno de ellos se incrementa.

¿Cualquiera puede ser minero?

Según Víctor Escudero, «la capacidad de cómputo necesaria en la actualidad es tan elevada que es una función que no puede realizar la gente corriente. Minar (desenterrar) un bitcoin por cuenta propia es menos probable que ganar la lotería. Generalmente, para descubrir nuevas monedas, se organizan agrupaciones de mineros y el premio se reparte en función de la capacidad de cómputo aportada por cada cual».

¿Qué sucederá cuando se alcance la cifra límite de bitcoins?

Como se ha mencionado, bitcoin está creado para alcanzar la cifra de 21 millones de unidades en 2140 a un ritmo estable y previsible. Exceptuando un hipotético nuevo acuerdo de la comunidad implicada, no se minarán ni más, ni menos monedas. ¿Habría, por tanto, bitcoins para todos? Sí. Una vez alcanzada esa cantidad (actualmente han sido minados 14 millones de bitcoins), la moneda se puede fraccionar hasta en ocho decimales.

«Que la cantidad sea limitada nunca será un problema. Es como si los euros tuviesen un valor elevado y se hiciese necesario pagar con céntimos que, a su vez, podrían tener subdivisiones. El bitcoin se puede dividir arbitrariamente tantas veces como sean necesarias. Esta moneda no generaría inflación, debido a que la cantidad es finita. Es un concepto opuesto al conocido, puesto que los diez euros de hoy en día no valdrán casi nada dentro de veinte años. Con bitcoin el precio se mantendría a lo largo del tiempo», explican los expertos García y Escudero.

¿Cuál es la posición de la banca tradicional?

Para analizar este punto hay que tener en cuenta, tal y como afirman Rubio y Brezo, la legislación vigente: «En estos momentos, la Unión Europea no considera el bitcoin como una moneda virtual ni como una forma de pago electrónico, sino más bien como una commodity. Pero lo cierto es que algunas entidades financieras, como BBVA y Bankinter, han invertido en plataformas de intercambio de bitcoins a través de fondos de inversión».

Víctor García completa ese pensamiento planteando una disyuntiva en la que parecen moverse los bancos: «adaptarse o morir». «Las entidades bancarias no quieren dar el salto todavía, pero sí quieren tener sus sistemas preparados para cuando haya una legislación, ya sea a favor o en contra, en la que se puedan amparar».

Por su parte, Víctor Escudero se muestra más contundente: «Por el momento, es una relación de amor y odio. Odio porque a los bancos el surgir de esta moneda les cambia todo. Y amor porque lo que subyace al protocolo, la cadena de bloques, sí les interesa. Aplicando esta tecnología internamente podrían reducir sus costes operacionales».

«Los bancos centrales ahora determinan el precio del dinero; con el bitcoin lo decidimos entre todos. Unos pocos privilegiados usan la banca para mover miles de millones de euros, pero una persona normal tiene que atravesar decenas de filtros para realizar una transacción. Imagina la posibilidad de mover todo el dinero que quieras, de realizar microtransacciones, de un sitio a otro, desde el sofá de tu casa y sin intermediarios. De esa forma llevas la democracia al extremo, igualas a las personas. Bitcoin, al contrario que el sistema económico actual, no es piramidal«.

 

Artículo extraído del diario Expansión por su interés.