alguno de los impuestos más insólitos de la historia


Curioso artículo que publica La vanguardia que, en alguna ocasión, incluso hace esbozar una sonrisa y que por curioso reproducimos…

“El Gobierno de España se propone recaudar 4.650 millones de euros modificando los impuestos de las empresas y subiendo los impuestos en las bebidas alcohólicas y el tabaco. También se plantea crear uno sobre las bebidas azucaradas para obtener otros 200 millones. Necesita ingresos para cuadrar sus cuentas.

Nada nuevo. A lo largo de la historia las haciendas públicas han tenido que tirar de subidas para mejorar los números. En otras, prevaleció la imaginación, dejando en los libros tasas que hoy resultan insólitas. El economista Alessandro Giraudo recoge algunas en Cuando el hierro era más caro que el oro (Ariel).

Impuesto a las barbas

Remontándose a la época romana, Vespasiano, emperador desde el año 69 al 79 d.C. creó un impuesto sobre la orina. Esta se usaba para tratar telas, blanquearlas y curtirlas. Pero también como dentífrico y enjuague bucal. Quien la compraba pagaba una tasa por ello.

Dando un salto en el tiempo, en 1535 Enrique VIII, rey de Inglaterra, crea un impuesto a las barbas, cuando él mismo tenía una. Isabel II, su hija, le da una vuelta y decreta una tasa a las barbas que no se cortasen en dos semanas.

En 1698, el emperador ruso Pedro I (el Grande) aduce motivos estéticos e higiénicos para obligar a todos los suyos a afeitarse. Los que quieren llevar barba deben pagar. A la entrada de San Petesburgo se colocan barberos que afeitan a todo aquel que entre a la ciudad. La medida levanta ampollas entre los ortodoxos, que acaban exentos. Aquellos que pagan reciben una moneda que en una de sus caras decía que el portador había pagado, a modo de garantía.

La barba, objeto de impuestos en Inglaterra y Rusia (Getty Images)

También las chimeneas tienen su impuesto: durante 29 años (1660-1689) los ingleses debían pagar dos chelines por casa y año. Para sortearla, construían falsos muros para esconderlas. También los naipes y dados tuvieron una tasa especial en Inglaterra desde el siglo XVI hasta 1960.

Las ventanas y puertas también tributan

Los ingleses se llevan la palma en impuestos raros. En 1696 las ventanas también tributaban. En realidad es sobre los hogares, pero aquellos con más ventanas pagan más. Raudos, los habitantes las tapian para pagar menos. Como efecto secundario, las casas se ventilan peor y las enfermedades se propagan más. Sobrevivió hasta 1851, nada menos que 155 años.

En 1784, el premier William Pitt debe sufragar una nueva guerra en un entorno deficitario: las colonias americanas se han rebelado. Crea un impuesto a los ladrillos de las casas. Cuatro chelines por cada mil que tenga la vivienda. La respuesta de las fábricas es hacerlos más grandes. Los habitantes, a su vez, empiezan a construir con madera. Para recaudar aún más, en el mismo año se crea el impuesto a los sobreros, que duró 27 años.

En 1784 William Pitt introdujo un impuesto a los ladrillos (Chris Ratcliffe / Bloomberg)

En 1795 pasaron de los ladrillos a las pelucas. Los polvos perfumados que se aplicaban sobre el falso pelaje fue motivo de tributo hasta que en 1869 se canceló porque ya nadie usaba. Entre medio, también se tasaron las velas que se usan en los hogares.

En el continente, los franceses cobraron un impuesto a las casas como los británicos. Se incrementaba en función del número de puertas y ventanas y duró de 1798 a 1926.

Ser chino es más caro

A finales del siglo XIX, Canadá creó la Chinese Head Tax, que no hacía otra cosa que poner impuesto por ser chino. Habían llegado en gran cantidad para construir la red de ferrocarril, canales y presas. Si querían entrar al país, tenían que pagar.

A veces los impuestos insólitos han tenido el componente de detonante. Los que gravaban la sal fueron uno de los elementos que causaron la Revolución Francesa y la independencia de la India del Imperio Británico.

La Chinese Head Tax ponía un impuesto a los chinos que querían entrar en Canadá (The Historical Thinking Project)

La retahíla de ejemplos llega hasta nuestros días. Recientemente, Portugal inventó el ‘impuesto del sol’, por el que los ciudadanos que tengan un piso más soleado tendrán que tributar más.

Reza el dicho que en la vida hay dos cosas seguras. Una es la muerte. La otra, pagar impuestos.

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